“No lo olvido: cuando llegué había 150 familias en medio de la nada, entre tierra y ruinas, intentando rescatar lo poco que quedaba de sus
tejabanes. Era octubre, y ya empezaba a hacer frío”, recuerda Evangelina Zapata Narváez, mejor conocida como Mamá Eva.
Había tanto por hacer...
Desde entonces, Mamá Eva se convirtió en una presencia constante en la vida de quienes más la necesitan, guiada por una profunda fe, un amor inquebrantable hacia su comunidad y una visión clara: servir a todos, sin distinción.
Nacida el 9 de marzo de 1958 en Monterrey, Nuevo León, Evangelina Zapata Narváez creció en
una familia trabajadora y de sólidos valores. Desde pequeña mostró un espíritu generoso, sensible y de liderazgo natural.
Estudió secretariado bilingüe y posteriormente se formó como enfermera técnica, profesión que
marcaría el rumbo de su servicio a los demás.
Con el paso del tiempo, Evangelina recibió un llamado espiritual que la llevó a servir con
mayor entrega. Hoy es ministra de culto con registro federal, y ha dedicado su vida a promover el bienestar integral de las
personas.
Bajo su dirección, Casa Samuel se ha mantenido firme en un principio esencial:
“Aquí recibimos a todas las personas, sin importar su religión o creencia. Lo que nos une es el dar y el servir”.
Después de enfrentar desafíos personales y de salud, Mamá Eva encontró en la fe la fuerza para actuar.
Su compromiso la llevó a apoyar a las familias desplazadas por el incendio del Arroyo El Obispo, quienes más tarde se establecieron en los
terrenos de García, N.L. Allí, con lo poco que tenía, comenzó a levantar casas, compartir alimentos y sembrar esperanza en medio de la adversidad.
Conmovida por el hambre que veía en los niños y las escuelas, decidió que su misión sería alimentar tanto el cuerpo como el alma.
Así nació Casa Samuel, nombre inspirado en el profeta niño que fue llamado por Dios para ungir reyes: una casa donde cada plato de comida, cada
palabra y cada gesto son semillas de amor.
“Quiero que los niños que pasan por Casa Samuel crezcan con esa misma influencia divina, que sean exitosos y felices”, expresa Mamá Eva.
El primer comedor fue un modesto tejabán de madera, levantado con esfuerzo y fe. Hoy, ese mismo espíritu sigue vivo, pero multiplicado en nuevas obras.
De aquel pequeño espacio nació una gran red de servicio: el Banco de Alimentos, la Cocina
Comunitaria y la Clínica de atención médica, todos proyectos que se desprendieron de la misma asociación civil y que continúan
sirviendo a la comunidad con el mismo corazón.
Estos espacios no solo alimentan cuerpos, sino también almas; son lugares donde cada persona, sin importar su origen o creencia, puede encontrar ayuda, escucha y dignidad.
Hoy, Casa Samuel es un referente de innovación social, fe activa y amor al prójimo en Nuevo
León.
El sueño que comenzó con una mujer movida por la compasión sigue creciendo, transformando vidas y demostrando que cuando el amor se traduce en servicio,
los milagros suceden cada día.
“Fui yo”, dice con humildad Mamá Eva, al recordar que todo comenzó con un simple deseo: ayudar y servir.
