Recibió influencia de su hermano Ignacio Zapata, conocido luchador social fallecido en el 2012.

 

"No lo olvido: cuando llegué había 150 familias en medio de la nada, entre la tierra, intentando traerse poco a poco lo que quedaba de sus tejabanes", cuenta. "Era octubre y ya empezaba a hacer frío".


Había mucho por hacer.......
Vecina y coordinadora de comedor Casa Samuel en Renacimiento, Beatriz Martínez conoce a Mamá Eva desde Santa Catarina.

"Es generosísima, hace lo imposible por uno, es como la mamá de los pollitos", ríe.

"Lo mismo me ha ayudado con medicinas, despensas y verduras que con una operación de retina que le tuve que hacer a la niña más grande, de 9 años. Gracias a ella, vivimos con lo justo, pero felices".
 
Pareciera que la vida no tenía predestinada a Eva para trabajar en favor de los demás, pero sí hay antecedentes. Nació el 9 de marzo de 1958 en Monterrey y es la séptima de ocho hijos que tuvieron Ramiro Zapata Pérez, dedicado a conducir autos de familias pudientes, y María Elena Narváez Salazar. 

Vivían en una vecindad cercana a lo que hoy es Santa Lucía, y aunque de vida humilde, no carecían de lo indispensable.

Para Eva, que de niña destacó por su liderazgo, no hubo recursos para estudiar una carrera profesional, y sólo pudo cursar un secretariado bilingüe y, más tarde, enfermería técnica. 

Tuvo varios empleos y, sin duda, recibió influencia de su hermano Ignacio Zapata, conocido luchador social fallecido en el 2012.

"Cuando era chica no entendía las cosas que le decía a la gente, demandando cosas. Ya luego supe que lo que quería era lo que yo ahora: bienestar para los demás", comenta.

Un problema de tiroides que la obligó a internarse varias veces, y el nacimiento de su hijo Roberto Carlos Garza cuando apenas tenía 21 años y al que sacó adelante sin ayuda del padre, la hicieron decidida y, sobre todo, la acercaron más a Dios.

Fue entonces que llegó con aquellos desposeídos del Arroyo El Obispo a los que tras el incendio siguió hasta los terrenos blancuzcos de García. Les ayudó a levantar sus casas con su dinero, de sus hermanos y de vender ropa en mercados.

Eva se sensibilizó de tal manera con el hambre en las escuelas que hizo de los repartos de desayunos y de despensas el programa central de Casa Samuel, nombre que alude al profeta niño que llegó a ungir reyes.

"Quiero que los niños que pasan por Casa Samuel tengan esa influencia, que a lo largo de su vida sean exitosos y felices".

Roberto Carlos define a su madre: "No hay nada que la detenga, es decidida cuando se trata de ayudar a los demás", sonríe Roberto, quien de niño vio cómo su madre, para evitar que él y sus amigos se involucraran con pandillas, abría su casa para que ahí merendaran e hicieran tareas. 

Roberto, ingeniero en sistemas y hoy de 37 años, le dijo que si quería ayudar y pedir apoyos debía formar una asociación: así nació Casa Samuel sobre terrenos dados en comodato por el Ayuntamiento de García. 

Ahí construyeron un primer tejabán a manera de comedor, que hoy es bodega, y más tarde otro y una construcción con donativos de grupos ligados a la Iglesia Presbiteriana en Atlanta.

Estos grupos la conocieron cuando tenía aquel primer tejabán y les conmovió la entrega de esta mujer que no tenía razón para estar ahí excepto ayudar a los demás.

Hoy, la asociación brinda los mil 500 desayunos semanales, pláticas formativas para cerca de 90 madres de familia, y más de un centenar de despensas. Pero hace falta más.

Aldo Flores Peña conoció a Eva cuando él era conductor de una televisora local y vio el trabajo de Casa Samuel. 

"Me intrigó tanta buena voluntad, me la pasé preguntando, y un día ya estaba colaborando con ellos", sonríe el joven, quien ameniza los eventos con los niños y apoya en labores de difusión.

Casa Samuel cuenta con atención medica de primer contacto, construida con apoyo de aquella iglesia y que seria equipada por Rotarios Sierra Madre: atienden a gente que, de otra manera, moriría por eventualidades, como en el pasado. 

Este proyecto de INNOVACIÓN SOCIAL EN NUEVO LEÒN, es apoyado por benefactores como el empresario Eduardo Elizondo Barragán,La directora de la Fundación FRISA, Carmen Garza T., apoya desde hace seis años a Casa Samuel.

"Me impresiona la buena voluntad de Eva y cómo ha evolucionado la asociación en cuanto a su profesionalización", dice. "Los resultados son palpables, tanto en la nutrición de la comunidad como en la atención de padecimientos", expresa.

"Ojalá hubiera muchas 'Evas'".

Poco a poco, el sueño de Eva y su equipo en favor de los demás se va realizando. Hasta hace poco, ella no lo dimensionaba y menos se atribuía logro alguno.

Fue hasta que los miembros de Rotarios Sierra Madre recorrieron la clínica para brindar donativos para su equipamiento que le preguntaron el nombre de quién había hecho surgir aquel oasis en el desierto. Eva se lo pensó unos momentos.

"Yo", contestó, emocionada. "Fui yo".